27 Jun 2010

El Ecuador que debemos soñar...

Por supuesto no existe tal cosa como 'deber' soñar. Los sueños son espectativas del futuro que nos mueven a actuar, son un derecho de cada un@. Pero no tener sueños puede ser bastante desastroso para nosotros y nuestro país, incluso peor que abrigar ese 'sueño americano', por ejemplo, que la televisión abierta nos ha ido imponiendo sutilmente con tanto programa importado malo y publicidad, con la que hemos crecido y lastimosamente hoy crecen nuestros hijos.

Nos han enseñado por ejemplo a soñar con tener más --como si realmente poseyéramos algo--, nos han enseñado a soñar con ser objetos de deseo haciéndolo pasar por merecida admiración, a ver la política como al fútbol donde simplemente hay que escoger un equipo por tradición familiar o a quien nos cayó mejor viéndol@ en la tv, de ahí en adelante solo hinchamos por ese, y luego soñamos que nuestro equipo (partido político) gane y llegue al poder el mesias, en pocas, nos han metido un montón de tonterías en la cabeza por las cuales hemos luchado y sufrido. Pero no es hora de llorar por la leche derramada, por eso este post va dedicado a quienes están sobre los veinte.

Yo tengo fe en las nuevas generaciones de ecuatorian@s que hoy crecen con educación pública de mejor nivel (falta mucho por hacer pero, por ejemplo, la evaluación de docentes por la que tanto relajo armaron, hoy es un hecho normal, hay premios a l@s mejor puntuad@s, abanderad@s reciben apoyo financiero, escuelas del milenio, becas, intercambios, etc.), confío en que sus sueños serán más ambiciosos y espero que tengan las herramientas para que vayan mejorando al país.

El desarrollo del país pasa por el conocimiento y los sueños que las generaciones trabajen por alcanzar, no debemos olvidarnos de eso.

Practicamente tod@s hasta los 20 más o menos somos soñadores, pero much@s ecuatorian@s luego solo se dedican a adaptarse a la sociedad y ya solo sueñan con un golpe de suerte, trabajar poco y ganar mucho, y en los peores casos, bajo esas premisa, solo mantienen una inercia de telenovela en su vida.

Debemos seguir soñando sueños grandes, y aunque no los alcanzáremos completamente podemos inspirar y facilitar las cosas a quienes tomen la posta, porque los sueños también deben ser también colectivos. Parecería ser un tema de revista dominical, pero hay mucho que cuestionarse con respecto a los sueños.

Un sueño común, ajeno y torpe es el querer ser país 'desarrollado' sin saber a qué mismo llamamos 'desarrollo'. Así pues much@s mediocres clase media sueñan 'desarrollarse' comprando un automóvil --legítimo y comprensible-- pero no uno que contamine menos, por ejemplo, para heredar a las futuras generaciones un aire menos sucio, sino uno GRANDE o uno caro, que ayude a compensar complejos e inseguridades.

Siento, con pena, que estamos plagados de esos sueños mediocres. Aquí en nuestro paisito la mayoría de es@s empresari@s que siempre predican sobre el agradecimiento y la reverencia que debemos tener todos para con ell@s por darnos "empleo" y "desarrollo" (a pesar de que sus empleados odien cada día de trabajo y ansíen salir a casa o unas vacaciones o que los extraterrestres secuestren al jefe o la jefa), si por ejemplo negocian importando tecnología no soñarán con innovar y generar algún nuevo producto mejorado o al menos adaptado a nuestra realidad distinta, no pensarán en ofrecer productos de vanguardia que pudieran lograr beneficios antes no conocidos, ni siquiera considerarán pedir al productor lo mejor y lo más moderno y hacerlo funcionar aquí, sino que soñarán con el dinero que van a poder ganar vendiendo la chatarra de ese productor como si fuera la 'última tecnología' para los ingenuos tercermundistas... quizá no es el ejemplo más claro, pero sucede, aún.

Ya nos han detenido mucho tiempo esos malos ejemplos de empresarios más un sistema universitario no solo por debajo de lo deseable sino --más encima-- retobado, compuesto por instituciones que se promocionan no hablando de sus laboratorios, no sobre sus investigaciones, no sobre sus aportes a la sociedad ecuatoriana en general, sino sobre el exitoso futuro financiero que los estudiantes van a tener o el excelente ambiente que se puede disfrutar en sus campus libres de cholos o longos, y otras por otro lado opuestas a cambiar, a soñar con otra universidad, que tome la referencia de las mejores del mundo pero que sea mejor, que desarrolle al máximo el pensamiento de l@s ecuatorian@s. Al menos esa es mi opinión después de escuchar en los medios a ciertas autoridades y dirigentes que todavía hablan de oponerse a la nueva ley de educación superior a pesar de saber que la mayoría de las partes de la misma han sido consensuadas con la unanimidad de los rectores y el gobierno.

Esto no quiere decir que no existan también soñadores y soñadoras con ideas innovadoras, bien preparados. Claro que existen, incluso quienes han llevado a cabo sus sueños dentro o fuera del país. Pero son tan pocos que llamarl@s minoría sería exagerar. Deberíamos soñar con más ecuatorianos concretando proyectos grandes, bien hechos, que generen cambios, que generen bienestar; por eso no se puede ser egoísta con el conocimiento en nuestro país.

Los sueños pueden ser muy ambiciosos o no tanto, porque lo que es muy ambicioso para un@ puede ser un pequeño sueño para otr@ y viceversa, pero no me refiero a esa 'ambición' que también la televisión y otros medios enseñan. Ambicioso puede ser para algun@ no comprar productos que no sean biodegradables... para otr@ puede ser desarrollar algún tipo de software o hardware que facilite alguna cosa... o quizá  la medida sea que para ser 'sueño' deba ser más ambicioso que un propósito de año nuevo, al menos.

No se trata de rechazar el 'hacer dinero' como un sueño legítimo, pero definitivamente no puede ser el único ni el principal, por lo menos no para los que votamos por el sumak kawsay o el buen vivir. Creo que debemos estar soñando ya con más imaginación, visualizando el futuro más lejano del país y tratando de que suceda más rápido.

Un sueño que tenía hace algunos años y hoy me parece muy pequeño era ver totalmente cambiada a esa horrible representación de todo lo peor del servicio público que era el Registro Civil. Hoy ya lo tenemos y casi me parece que era elemental, como elemental era que los edificios públicos se vean bien, porque dan la cara de nuestro país, del estado que es la organización de todos. En cualquier país con sueños grandes la mayoría de los edificios públicos son de los más lindos, su arquitectura se destaca, algunos son muy representativos de la cultura y no se les caen las letras del nombre; soñaba con eso desde que era niño.

Hoy creo que deberíamos soñar por ejemplo en generar presidentes decentes (al menos mientras se mantenga nuestro sistema presidencialista), en mayor participación ciudadana, en medios de comunicación estimulantes, que pudieran lucrar del hambre de conocimiento y de motivar la imaginación de l@s ecuatorian@s y no del escándalo y la bronca. Los sueños deben ser estimulantes, sino son otra cosa...

Existen unos seudo-sueños, que se manifiestan como críticas (el mayor producto de producción nacional para el consumo interno). Por ejemplo, much@s soñamos con programas de televisión de producción nacional del mejor nivel, mejor que el de los Estados Unidos, o de Brasil, o Inglaterra, pero hay quienes convierten ese sueño en el acto de simplemente criticar los programas de acá (agudos y agresivos pero ninguna propuesta), despreciando el proceso e ignorando el de aquellos países que nos llevan una gran ventaja justamente porque pudieron comenzar antes y/o con circunstancias más favorables. Y no es que crea que no debemos procurar que el desarrollo de la producción nacional sea acelerado, sino que debemos valorar los procesos que llevan a mejorar, a alcanzar los sueños, y podríamos ser más propositiv@s. Tampoco digo que la crítica sea mala, pero el pasar de crític@s a constructores requiere también un proceso que no hay que despreciar.

Finalmente creo que también debemos tener sueños con respecto al internet porque es el medio del que más nos hemos sentido partícipes... no solo que se difunda su uso en el país, sino también cuál será nuestro aporte, cómo lo vamos a ir desarrollando para potenciar y mantener lo bueno que tiene, cómo lo vamos a utilizar para ese buen vivir. Soñemos y no dejemos que las cosas simplemente pasen y observemos con la boca abierta, solo dejándonos llevar por la corriente.